miércoles, 25 de febrero de 2015

¿HAKUNA MATATA?




 Volveré a la casa de mi padre y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti” (Lucas 15, 18)

Desde niño, siempre tuve graves problemas con un déficit de atención que he sobrellevado toda mi vida, es por eso que cuando a mis 15 años me toco recibir un retiro por primera vez, sin saber nada de Jesús ni de la Iglesia (ni saber siquiera el Padre Nuestro), me encontré de repente sentado, en un grupo de reflexión, un poco perdido con los nuevos “conceptos” que estaba recibiendo. Entonces, aquel buen servidor, Juan, mi encargado, a quien le había dado varios dolores de cabeza haciendo cien mil preguntas acerca de la fe, dijo la siguiente frase: “Jesús es el León de Judá”; esto solo me dio más preguntas para mi nuevo y muy curioso Cristianismo: ¿El León? ¿de Judá? ¿Qué es Judá?
Esa misma noche, presenciando por primera vez en toda mi vida una emocionante adoración al Santísimo, yo me arrodillaba sin entender mucho, pero observando todo con una gran emoción y sabiendo con lo más profundo de ese emocionado corazón que ahí estaba Jesús frente a mí; y ¡fue ahí!, cuando el sacerdote elevó la Custodia, que el mismo Cristo se encargó de explicarme todo de la manera en la que yo la iba a entender. ¡El León de Judá!, ¡Mufasa! ¡Simba!… ¿De qué estoy hablando? ¡Se volvió loco! – dirás – ¡Así comprendí todo yo por primera vez! y me remonte a esa película que como niño había visto más de 100 veces, hasta arruinar el VHS… ¡Ahí entendí cuánto Dios me amaba! y ¡Quién era yo!: ¡el hijo del rey!


Pero, no solo me quede ahí, fui y compre la nueva versión de 25 años – Deluxe Edition – de El Rey León, traía una canción nueva y me llamo la atención, y desde los primeros segundos del filme, literalmente mi corazón saltaba de emoción. Esta película inicia con las primeras notas de la maravillosa canción “The circle of life” (o “el ciclo sin fin”), se entona un impresionante canto en el idioma Zulu (Sudafricano) que todos algún día intentamos cantar. ¿Qué decía?, literalmente esto: Nants ingonyama bagithi Baba [Ahí viene un león, padre] Sithi uhm ingonyama [Oh si, un león!]…
En la historia vemos toda la creación de Dios reuniéndose en torno al nacimiento de un gran rey, por ende, solo me podía imaginar aquella escena de la creación cuando Dios creo la luz, las aguas, hizo que de la tierra saliera hierba verde, árboles que dieran frutos, hizo a los animales y los bendijo viendo que todo era bueno, pero después de terminar este cansado trabajo, no me puedo imaginar aquel magistral espectáculo cuando Dios iba a crear a su obra maestra, a MI (y a TI también jeje), solo podía imaginar ese momento en que toda la creación en el cielo y en la tierra se reunía en torno de este gran evento como lo hicieron todos aquellos animales en la sabana en torno al nacimiento de Simba “Nants ingonyama bagithi Baba [Ahí viene un león, padre]”… “Aquí vienen los hijos de Dios”.
Al seguir viendo la película, el Señor siguiendo hablando a mi vida y llegó la parte donde el Rey Mufasa, el león padre, le dice a Simba “Todo lo que la luz toque es nuestro reinado”, una promesa parecida a la que Dios le hizo a Abraham: “Y le dijo: Yo soy el Eterno, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra” (Génesis 15, 7). Y continúa esa promesa: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12,2-318,18); Promesa que hasta el día de hoy sigue vigente para ti y para mi.
Vi pasar la historia y ahora lejos de llorar por lo que sucedía en la película, lloraba de emoción al saber que mi historia no era una casualidad en esta vida , ¡Yo era Simba!, ¡El Hijo del Rey! y ahora entendía la crucial escena, la que impacto al mundo entero, todo me termino de hacer click cuando vi otra vez a Scar, el mentiroso, el enemigo, engañando a Simba y aprovechándose de su inocencia, haciéndolo llegar a un lugar para crear la estampida en donde Mufasa entregaría su vida, salvando la vida de Simba , el heredero, así como Jesucristo se había entregado en la cruz para salvarnos a ti y a mi. Pero Simba, al darse cuenta de la muerte de Mufasa se deja engañar por Scar, huye de su reino y huye de su misión, creyendo que el fue el culpable de esta muerte, sintiéndose indigno de volver al reino… ¿Te ha pasado? Todas esas veces que hemos querido salir corriendo de nuestra misión por no sentirnos dignos.
Y de repente como por arte de magia este leoncito se encuentra a dos simpáticos y peculiares personajes que le enseñan a este cachorro que “¡La vida es una y hay que disfrutarla!”… ¿Te suena? Algo así como: ¡Hakuna Matata!, “Una forma de ser”, “sin preocuparse es como hay que vivir”… Aquel rey , heredero, de gran linaje se olvidaba completamente de su misión y olvidaba completamente quien era el, al son de aquel “Sin preocuparte, es como hay que vivir”, comía gusanos, insectos, garrapatas, cucarachas y todo tipo de cosas que un león, el Rey León, no come y entre canto y canto, él y sus nuevos amigos piensan vivir una vida “perfecta”, como la que quiere el mundo de hoy presentarnos a ti y a mi , “esta vida es una y hay que disfrutarla!” ¡Hakuna Matata!
Mientras tanto, su propio reino, su madre, su familia y su pueblo viven en tinieblas, gobernadas por el mentiroso tentador de Scar; el reino entero ha caído en hambruna y desolación, hay desesperanza porque no hay nadie que anuncie y luche por el verdadero Reino. ¿Quién podía llevar la luz a las tinieblas?, ¿Quién puede hacerlo en el mundo de hoy, en nuestra propia Jungla? Solo fue hasta que aquel mono Rafiki, actuando como un verdadero hermano de comunidad, volvió a llevarlo a aquel lugar donde encontraría nuevamente a su Padre, llevándolo a aquel estanque en donde ve su propio reflejo: “¿Ves?, Él vive en ti”, “ve en tu interior, tu eres más de lo que te has convertido”. Luego de esto, Simba regresa a su Sabana a pelear con Scar y cuando vence, porque él estaba destinado a vencer, la luz vuelve a aquel reinado completo, la vida y la felicidad de muchas personas dependían del valor que Simba tuviese para pelear por un mundo mejor: “Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de una cama, sino que la pone sobre un candelero para que los que entren vean la luz” (San Lucas 8,16).
Querido amigo, tú y yo tenemos una gran misión en nuestra vida y si hemos perdido el rumbo, solo tenemos que ver dentro de nosotros, ¡ahí esta ya la respuesta!, veremos que Cristo, quien murió por ti y por mi, ahora vive dentro de nuestros corazones; si no somos nosotros quienes aceptamos el reto de llevar la luz a las tinieblas, de tomar nuestra cruz y anunciar el evangelio luchando por la causa de Cristo, nadie mas lo hará. Recuerda siempre las palabras de la Beata Madre Teresa de Calcuta: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el océano, pero el océano sería menos si le faltara esa gota”; la hora de trabajar por este Reino ha llegado y la Misión, TUYA Y MIA, NUESTRA. “Recuerda quien eres”, como Simba, vuelve valiente y con tu cabeza en alto, pues has sido elegido para cosas grandes. Y Siempre recuerda las palabras de Mufasa: “Cuando te sientas solo, solo recuerda que en las estrellas los reyes y yo estaremos siempre ahí para guiarte”, o mejor aún recuerda las palabras de Jesucristo: “Y He aquí que Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos” (San Mateo 28, 20)
Artículo escrito por nuestro colaborador y católico con acción Dino Safie.

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TÍTULO DEL LIBRO

Sobre la tiranía. Veinte lecciones que aprender del siglo XX

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