lunes, 12 de mayo de 2008

Plataforma de exigencias políticas radicales:mayo´68

Citando al semanario Alba

Un estudiante de origen alemán, Daniel Cohn-Bendit -hoy político ecologista del Parlamento Europeo-, apodado Danny el Rojo, al frente del Movimiento 22 de Marzo, convoca una movilización en la Facultad de Letras de Nanterre, en las afueras de París, sobre una . Es en París, primavera de 1968.

Lo que considera la cultura oficial de la izquierda como un antes y un después en su ideario fue sólo una manifestación radical de un mes en la que participaron maoístas, marxistas, sindicalistas, positivistas y existencialistas. Cada uno pedía lo suyo, pero su voz suena como una sola a los ojos de la Historia, de su Historia.


Belén Ester/Carla Sarabia.-La Policía cierra la universidad y detiene a algunos de los líderes, pero el resto del movimiento provoca el incendio de la revuelta en La Sorbona, se enfrenta a la Policía en el Barrio Latino y llama en su auxilio a los sindicatos. De ahí la protesta salta a la calle, al centro de París, que se llena de barricadas hasta que, en la noche del 10 de mayo, los antidisturbios lanzan un ataque a fondo para restablecer el orden. El desastre concluye con mil heridos y una convocatoria de huelga general por parte de los sindicatos el día 13. Un millón de franceses se echa a la calle en una manifestación monstruosa hasta que una nueva huelga general, ésta indefinida, paraliza al país. Casi diez millones de trabajadores participaron en ella.

Revolución nihilista y sexual
Lo que más se recuerda de la revuelta fue la acción estudiantil. Pero lo cierto es que no consiguieron nada y que más allá de las consignas que no se lograron porque nunca se formularon para que llegaran a nada, el Mayo del 68 creó una mentalidad que ha dominado la vida política, social y cultural de Europa occidental, con su culto a la juventud y a una ‘franqueza’ hostil a lo establecido, su furor iconoclasta frente a todo tipo de instituciones y formas, su cultura de la reivindicación y la queja constante y su permisividad como valor supremo. Según explicaba a ALBA el historiador Ricardo de la Cierva, aquel mayo francés “fue la explosión de un sector anarquista de la juventud francesa y que puso en peligro la estabilidad de Francia y de Europa, algo que no tiene nada de positivo y que dio por resultado una revolución mitificada”. A lo que añade, “hubo un intento muy importante por parte de la extrema izquierda europea comunista y marxista de capitalizar aquella explosión de anarquía; de hecho fue el último estertor del marxismo-leninismo antes de la caída del muro”.

Es difícil para muchos historiadores y pensadores valorar hasta dónde han llegado las consecuencias del mayo francés,


pero José Julio Perlado, autor de París, mayo del 68, aclara, de entrada, que Mayo del 68 no fue fruto de una casualidad:

“Afectó al ambiente de ese mes el hecho de que un año antes diversos hechos acontecidos en el resto del mundo tuvieran gran resonancia, como el levantamiento de Praga, el asesinato de uno de los Kennedy y el de Martin Luther King”.


Pero para entender las consecuencias que tuvo es necesario distinguir primero entre revolución y revuelta. “En la segunda -dice-, no se consiguen cambiar las instituciones, ya que los partícipes de una revuelta no se unen con militares o sindicatos para llegar más allá de las simples manifestaciones”, y esta revolución por lo que tiene efectos es porque “París era una caja de resonancia y todo lo que allí sucedía tenía gran repercusión”. Perlado no cree, por contra, que la generación de Mayo del 68 sea una generación perdida, sino “frustrada, ya que en ese momento se creyó en cosas artificiales que no surtieron efecto. Fue una revolución lírica, no fue más allá”.

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