jueves, 31 de diciembre de 2015

Una España que no pasará de moda

Tengo ante mí un artículo de Alfredo Amestoy titulado:



El último "Corpus" de García Lorca

No era un día de Corpus, como hoy; ni lucía el sol en Toledo. Era una mañana invernal de 1961 cuando, entre plano y plano del rodaje de «Viridiana», Luis Buñuel me concedió una entrevista. Me confesó que hacía veinticinco años que no había vuelto a Toledo, la ciudad que más visitó desde que llegó a Madrid en 1921. «Veníamos gente de la Residencia de Estudiantes. Casi siempre solos Federico, Salvador y yo. Y lo pasábamos en grande…». Para García Lorca, Dalí y Buñuel, ¿qué había significado Toledo? Me dijo que estaba seguro de que los tres eran creyentes, aunque en «La Orden de Toledo», de la que fueron fundadores, no había preocupaciones religiosas, sino líricas y etílicas. Pero de estos hombres educados en la fe religiosa, Federico es el más «fervoroso». Entre el Corpus granadino de su infancia y el Corpus toledano de su juventud, se vislumbra un García Lorca que se refugia en la Eucaristía, y es en este misterio en el que mejor se acomodan su devoción y su admiración por el rito.

Pepín Bello, otro miembro de la Residencia y de la Orden de Toledo, es el que consideró a Federico «el poeta místico del siglo XX». Bello conoció mejor que nadie a García Lorca. Y Bello fue el que recibió, y luego puso en manos del Primado toledano la carta desde Nueva York donde le cuenta que «hoy he salido dando vivas al portentoso, bellísimo catolicismo español… Esta mañana fui a una misa dicha por un inglés. Y ahora veo lo prodigioso que es cualquier cura andaluz diciéndola. Hay un instinto nato de la belleza en el pueblo español y una alta idea de la presencia de Dios en el templo. Ahora comprendo el espectáculo fervoroso, único en el mundo, que es una misa en España. La lentitud, la grandeza, el adorno del altar, la cordialidad en la adoración del Sacramento, el culto a la Virgen son en España de una enorme poesía».

La «cordialidad», la «familiaridad» con la Eucaristía, vuelve a aparecer en una carta a sus padres: «La solemnidad en lo religioso es “cordialidad” porque es una prueba viva de la presencia de Dios. Es como decir “Dios está con nosotros, démosle culto y adoración”. Es una gran equivocación suprimir el ceremonial. Es la gran cosa de España. Son las formas exquisitas, la hidalguía con Dios». Bello, en defensa del «misticismo» lorquiano, escribe que «se ha querido desconocer la angustia de la Fe que latía en la profundidad de Federico y que dejaba asomar sin ninguna prevención».

A esta falta de «prevención» de Federico y que se manifestaba en declaraciones como «soy católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico» llamó Gabriel Celaya con disgusto «actitud insensata», y, más tarde, adjudicó a tal «insensatez» el origen del desatino de su muerte. Pero quizás no era un despropósito la definición de Federico capaz de hacer compatibles catolicismo y comunismo; monarquía y anarquía… Lo cierto es que García Lorca marcha a su tierra cuatro días antes del Alzamiento porque había sido tiroteado al salir de casa y sospechaba que ya todo sería posible en Madrid.

Este fue el extraño y misterioso último Corpus de García Lorca, vivido en Madrid, días después de su cumpleaños del 5 de junio y días antes de su muerte en Granada.

Este Federico genuflexo es el que ya había escrito «Oda al Santísimo Sacramento del altar», que celebró Unamuno.


Es de apreciar que el relato sea en junio de 1936 para que la falsa  historia tenga la capacidad de rectificar.

2 comentarios:

María Gómez Barrera dijo...

Si todos entendieramos con apertura de miras las cosas...
Cuántas incomprensiones ahorraremos.
FELIZ AÑO NUEVO

María Gómez Barrera dijo...

Si todos entendieramos con apertura de miras las cosas...
Cuántas incomprensiones ahorraremos.
FELIZ AÑO NUEVO