lunes, 14 de septiembre de 2015

Frases que hielan la sangre

Seguimos con el relato de Vázquez de Prada en el Tomo II: 

 Dios y audacia del libro  El Fundador del Opus Dei.” (Vol. 2)

Sin más averiguaciones, declararon incautado el edificio en nombre de la C.N.T. (Confederación Nacional del Trabajo, un sindicato anarquista) y se fueron al domicilio de Juan a continuar el registro, que había de resultar aún más peligroso que el de la Academia, porque en su dormitorio tenía Juan en un baúl un fichero con las direcciones de los estudiantes que iban por la Residencia, aparte de otros documentos cuya posesión equivalía a sentencia de muerte |# 32|. El registro del cuarto fue minucioso, pero, inexplicablemente, los milicianos no tropezaron con el baúl, que al abrir el armario quedaba oculto tras las puertas. De todos modos, al terminar, invitaron a Juan a que les acompañase. Aquello, en la jerga del terror, significaba que le iban a "dar el paseo" o, en otras palabras, que lo llevaban a fusilar. Cosa que estaba a la orden del día y dentro de las atribuciones de las patrullas. Intervino entonces dramáticamente la madre y, sin saberse por qué, el jefe de los anarquistas, pistola en mano, cambió repentinamente de parecer, mientras explicaba: — «Nosotros no matamos a nadie. Los que matan son los socialistas. Llevamos esto —decía señalando la pistola— sólo por profilaxis..





El domingo, 19 de julio, estaba el Padre con los suyos trabajando en la nueva Residencia de Ferraz 16. Desde sus balcones podían observar un creciente ir y venir de guardias y curiosos por delante de la casa. Esa parte de la calle de Ferraz no tenía edificios enfrente, sino un ensanche con vistas a la explanada del Cuartel de la Montaña, que estaba a doscientos pasos de la Residencia |# 17|. A últimas horas de la tarde llegaba hasta allí la bulla de las milicias populares que, puño en alto, recorrían, con armas y banderas, el centro de la capital. Hacia las diez de la noche el Padre envió a casa a quienes vivían con sus familias en Madrid, encargándoles que le telefoneasen al llegar, para su tranquilidad |# 18|. Isidoro Zorzano y José María González Barredo se quedaron con él aquella noche |# 19|.
Entretanto, el cuartel permanecía cerrado tras sus altos muros, en amenazador silencio. Por la noche se oyeron a deshoras tiroteos intermitentes. Y, apenas amaneció, comenzó a notarse cierta actividad por los alrededores. Se hacían los preparativos para la toma del cuartel, que fueron precedidos de fuerte cañoneo. Los sitiados respondían a su vez con fusiles y ametralladoras |# 20|. Las balas perdidas rebotaban contra la fachada de la residencia y astillaban los balcones, obligando al Padre y a los suyos a refugiarse en el sótano de la casa. A media mañana se produjo el asalto. El patio del cuartel quedó sembrado de cadáveres. Las masas de milicianos que irrumpieron en el cuartel salían armadas con fusiles, vociferando y exaltadas.
El Padre, que de meses atrás venía oyendo hablar de asesinatos de curas y monjas, y de incendios y asaltos y horrores |# 21|, vio llegado el momento en que llevar sotana era tentar a la divina Providencia. Más que imprudente, resultaba temerario. Dejó, pues, la sotana en su cuarto y se puso un mono azul de trabajo, que utilizaban esos días al hacer arreglos |# 22|. Era pasado el mediodía cuando el Padre, Isidoro y José María González Barredo rezaron a la Santísima Virgen, se encomendaron a los Ángeles Custodios y, separadamente, salieron por la puerta de atrás. Con las prisas olvidó el sacerdote cubrirse la cabeza, cuya amplia tonsura delataba de lejos su condición clerical. Atravesó así entre grupos de milicianos que, excitados por el reciente combate, no le prestaron la menor atención.
Llegó a casa de su madre, que vivía no lejos de la Residencia. Habló por teléfono con Juan Jiménez Vargas y se cercioró de que todos sus hijos se encontraban sanos y salvos. Al sacerdote, por vez primera sin breviario, porque lo había dejado en la Residencia, le sobraba tiempo. Encendió la radio. Continuaban dando noticias, confusas y alarmantes, y la noche se presentaba larga y calurosa. Rezó rosario tras rosario. El piso estaba en lo alto de una casa de la calle Doctor Cárceles, al extremo opuesto de su cruce con la de Ferraz. Por tejados y terrazas se oían los pasos precipitados de los milicianos persiguiendo a los francotiradores, que disparaban desde las azoteas.
Don Josemaría pensó en comenzar un diario; con concisión telegráfica, porque no estaba para historias. El lunes, 20 de julio, hizo la primera anotación de aquella jornada:
Lunes, 20 —Preocupación por todos, especialmente por Ricardo. —Rezamos a la Santísima Virgen y a los Custodios. —Cerca de la una, hago la señal de la Cruz y salgo el primero. —Llego a casa de mi madre. —Hablo por teléfono con Juan. —Noticias radio. —Todos llegaron bien. —Mala noche, calor. —Tres partes del Rosario. —Sin breviario. —Las milicias en la azotea |# 23|.
En sumarias pinceladas nos revela las impresiones de su alma ante los acontecimientos y la preocupación por la suerte de sus hijos, en especial por Ricardo Fernández Vallespín, a quien los sucesos le cogieron en Valencia. Ese 20 de julio, lunes, don Josemaría había dicho misa en la Residencia, sin sospechar que no volvería a celebrarla por largo tiempo. Por la cadencia de las notas de ese breve diario, que no pasó del sábado, 25 de julio, sabemos dónde tenía su pensamiento y su corazón: Martes, 21. —Sin Misa; Miércoles, 22 —Sin celebrar; Jueves 23 —Comuniones espirituales. ¡Sin Misa!; Viernes, 24 —¡Sin Misa!
El jueves encontró un misal en la casa y empezó a decir a diario, por devoción, misas secas. (Reproduciendo las ceremonias de la Santa Misa, seguía atenta y devotamente todas lasoraciones litúrgicas, salvo la Consagración, por carecer de pan y vino para consagrar; y, cuando llegaba a la Comunión, hacía una comunión espiritual) |# 24|.
Aquella semana fue inquietante. Toda España vivía horas de trágica incertidumbre. No resultaba fácil reconstruir la situación del país. Ninguna información, de la prensa o de la radio, era de fiar. Don Josemaría llamó por teléfono a la funeraria que había enfrente de Santa Isabel. Así se enteró el martes de que habían quemado la iglesia. Con la noticia le vino de golpe a la memoria lo sucedido cuatro o cinco años atrás, cómo al salir un día de Santa Isabel se posesionó de su mente la sugerencia divina de que aquella iglesia sería quemada |# 25|. Tristemente, el convento de Santa Isabel no era la excepción; otras iglesias ardían ya por Madrid y el resto habían sido incautadas, según noticias que trajo de la calle Juan Jiménez Vargas. En apunte correspondiente al miércoles, 22 de julio, se lee: Dicen que cogen presos a los sacerdotes.
Sin mucho esfuerzo, y teniendo ante la vista el recuerdo reciente de las escenas del Cuartel de la Montaña, don Josemaría revivía mentalmente los peligros a que estaban expuestos los ministros del Señor. Esa misma semana, como si hubiesen tocado a rebato, empezó la caza implacable de sacerdotes y religiosos, para arrojarlos a la cárcel o llevarlos al martirio. Quedaron desiertos conventos y casas parroquiales |# 26|. No existía más salvación que el escondite. En los pisos debajo del de doña Dolores había refugiados una monja y un agustino |# 27|. Don Josemaría redobló la oración y la expiación, como compendia en una línea de su diario: Oración: Señor, Santísima Virgen, San José, Custodios, Santiago.
Buscando por el piso encontró un Eucologio Romano, con el que pudo rezar el oficio de difuntos. Empezaron, todos en familia, una novena a la Virgen del Pilar. Y, en vista de que hacía un calor horroroso, don Josemaría emprendió la lucha ascética con la sed: No beber agua por todos, especialmente por los nuestros, anotó el miércoles. A lo que no se resignaba el Padre era a pasar sin noticias de sus hijos. Hizo, pues, que Juan enviase unas tarjetas a Valencia, para tranquilizar a Ricardo Fernández Vallespín y a Rafael Calvo Serer, y saber de ellos.
Quería don Josemaría irse a vivir de nuevo a Ferraz, pero Juan, que venía andando todos los días desde su casa a la de doña Dolores, le hizo ver el peligro a que se exponía al tener que atravesar los muchos controles de los revolucionarios. El caso es que tampoco podía trabajar, porque los papeles y documentos de la Obra los tenía guardados en un baúl, allí, en el piso de Doctor Cárceles; pero estaban bajo llave, y ésta la había dejado en la Residencia de Ferraz. El jueves, Juan e Isidoro se encargaron de ir a la Residencia y trajeron al Padre las llaves, una cartera y la cédula personal, que era el único documento de identidad que tenía |# 28|. El sacerdote estaba preparado para enfrentarse con lo imprevisible, si es que llegaba la hora de tener que abandonar precipitadamente el piso de su madre; y se dejaba crecer el bigote para no ser reconocido.
Llegó el sábado, 25 de julio, última fecha de las anotaciones del diario. Ni el gobierno republicano ni los rebeldes sabían aún de qué lado iba a inclinarse la balanza. La suerte estaba indecisa. Metidos en una inextricable refriega, con la geografía del país caprichosamente partida y repartida entre fuerzas enemigas, la nación se debatía en los umbrales de una guerra civil. También los ánimos de todo español se hallaban conflictiva y sentimentalmente escindidos.
Radio Madrid era una incesante granizada de noticias servidas al público por el gobierno, anunciando el fracaso del alzamiento militar, la rendición de los rebeldes, el bombardeo y destrucción de quienes resistían a las victoriosas fuerzas republicanas. Para apartar la mente de su madre de catástrofes y desastres, don Josemaría procuraba entretenerla jugando al tresillo o haciendo que escuchara Radio Sevilla |# 29|. La charla del general Queipo de Llano, que propalaba la entrada inminente en Madrid de las fuerzas rebeldes que marchaban para liberar la capital, era, aunque engañosa, una gota de optimismo |# 30|. Por esas fechas no se pensaba todavía en una guerra civil sino en un golpe de estado militar y en la represión de los brotes revolucionarios.
En la mañana del sábado, 25 de julio, acababa de entrar Juan en el vestíbulo de la Residencia de Ferraz en busca de unos papeles cuando irrumpió en el piso una patrulla de anarquistas, entre los que se contaban el chófer y el cocinero del anterior dueño de la casa, el conde del Real. Probablemente ignoraban los milicianos quiénes eran los nuevos inquilinos. Inspeccionaron el piso. En el cuarto que había ocupado el Padre descubrieron una sotana, un sombrero y otros objetos, como unos cilicios y unas disciplinas ensangrentadas, que anunciaban a gritos que allí vivía un cura. A las preguntas de los que efectuaban el registro, Juan contestaba como podía, con vaguedades, para salir del paso, dando a entender que aquello era de unos estudiantes de Medicina (los milicianos habían visto ya unas calaveras y unos esqueletos en la sala de estudio), que el dueño era un extranjero y que el capellán no solía ir por allí |# 31|.
Sin más averiguaciones, declararon incautado el edificio en nombre de la C.N.T. (Confederación Nacional del Trabajo, un sindicato anarquista) y se fueron al domicilio de Juan a continuar el registro, que había de resultar aún más peligroso que el de la Academia, porque en su dormitorio tenía Juan en un baúl un fichero con las direcciones de los estudiantes que iban por la Residencia, aparte de otros documentos cuya posesión equivalía a sentencia de muerte |# 32|. El registro del cuarto fue minucioso, pero, inexplicablemente, los milicianos no tropezaron con el baúl, que al abrir el armario quedaba oculto tras las puertas. De todos modos, al terminar, invitaron a Juan a que les acompañase. Aquello, en la jerga del terror, significaba que le iban a "dar el paseo" o, en otras palabras, que lo llevaban a fusilar. Cosa que estaba a la orden del día y dentro de las atribuciones de las patrullas. Intervino entonces dramáticamente la madre y, sin saberse por qué, el jefe de los anarquistas, pistola en mano, cambió repentinamente de parecer, mientras explicaba: — «Nosotros no matamos a nadie. Los que matan son los socialistas. Llevamos esto —decía señalando la pistola— sólo por profilaxis... ¡Que se quede!» |# 33|.
Esa misma tarde comentaban entre sí Juan y Álvaro del Portillo los sucesos de los últimos días, preguntándose cómo iría a terminar todo eso. «Si triunfa la revolución comunista —se decían—, aquí no se podrá seguir y tendremos que planear una Residencia en el extranjero» |# 34|. Ambos tenían muy presente el compromiso de seguir haciendo la Obra si faltase el Fundador. Uno y otro se reafirmaban en aquella sabida consideración: La Obra de Dios viene a cumplir la Voluntad de Dios. Por tanto, tened una profunda convicción de que el cielo está empeñado en que se realice |# 35|. Basados en tan sencilla lógica, mantenían la firme y esperanzada convicción de que al Padre no le pasaría nada |# 36|. De hecho, todos los miembros de la Obra durante los años de persecución religiosa escaparon repetidas veces de modo milagroso —o, si se quiere, de manera inverosímil e inexplicable— de entre las manos de sus perseguidores.
Don Josemaría, además de las gracias fundacionales, poseía una cualidad humana que le venía facilitando desde tiempo atrás el enfrentamiento con una situación histórica adversa, desempeñando con audacia y naturalidad las actividades apostólicas propias de su misión. El Señor, indudablemente, había dotado a aquel joven sacerdote de una paz interior y hasta de una valentía física inconcebible, dadas las circunstancias en que desempeñó su ministerio. Por lo que tiene de excepcional, y como para confirmar aquella dádiva, narra en sus catalinas una de las poquísimas ocasiones en que no pudo dominar el miedo. Era, como dice, un miedo fisiológico, pueril, a estar de noche a oscuras en la iglesia. Esto ocurría en 1930, en el Patronato de Enfermos. Un miedo tonto, pero que no podía remediar, y que le impedía acercarse al Sagrario. Hasta que una noche —escribe—, al volver de la Academia tuve una moción interior: "ve, sin miedo": "ya no tendrás miedo". No es que oyera esas palabras: las sentí, ésas o muy parecidas; desde luego ese concepto. Fui a la iglesia oscura. Sola la luz del Sagrario. Hasta el Sagrario. Apoyada la frente en el Altar. No he vuelto a sentir más miedo |# 37|.
Libre desde entonces de las raíces del miedo, pasión que llega a torcer los juicios y la voluntad, don Josemaría pudo entregarse de lleno a sus actividades, no sin estar expuesto a burlas, injurias y pedradas. La figura de aquel sacerdote arrebujado en su manteo era muy conocida en algunos suburbios y despoblados de las afueras de Madrid, a donde iba a visitar enfermos o dar la catequesis. Y, de todas formas, don Josemaría necesitaba una buena dosis de audacia y valentía para continuar ejerciendo sus funciones ministeriales como si no hubiese cambiado el ambiente de la calle.
Aun hallándose libre de ese tipo de miedo que paraliza la acción, en los meses que siguieron a la instauración de la República hubo de superar también el odio con el que se daba de cara en todas partes. ¡Dios mío! —se preguntaba—, ¿por qué ese odio a los tuyos? |# 38|. La mirada serena del sacerdote, que había hecho el propósito de apedrear con avemarías a quienes proferían groserías e indecencias contra él —devolviendo amor por odio—, purificaba sus sentimientos. Antes se indignaba. Ahora, al oír esas palabras innobles, se me estremecen las entrañas |# 39|, se lee en una catalina de septiembre de 1931.
Ese mismo año, pocas semanas más adelante, confirmó un propósito sacerdotal que mantuvo vigente hasta el final de sus días: yo sólo debo hablar de Dios |# 40|. Pero, metido como estaba en un programa divino, que tenía que desarrollar en medio del mundo, don Josemaría sufría en silencio los encontronazos callejeros de cada jornada. Inmerso en la realidad social, por encima y al margen de ideologías políticas, el Fundador cumplió su misión de 1931 a 1936 envuelto en una atmósfera de tormenta y de odio creciente. Le había tocado vivir una sucesión de situaciones dramáticas que parecían llegar ahora al paroxismo de la sinrazón. Era como si el país entero, con el estallido de aquel polvorín de aversiones en que se había convertido, se sumiera sin remedio en un abismo de maldad. Para colmo de desgracia, sus ansias de apóstol estaban rodeadas de compatriotas que, por diversas razones o atizados por la propaganda, pensaban que la solución de los problemas pasaba por destruir antes la Iglesia de Cristo.
La Obra de Dios —había escrito el Fundador— no la ha imaginado un hombre, para resolver la situación lamentable de la Iglesia en España desde 1931 |# 41|. Reservó, pues, sus energías para cumplir fielmente ese otro designio, más grande, universal y para siempre, del que se había hecho cargo el 2 de octubre de 1928.

Dios y audacia. “El Fundador del Opus Dei”, biografía escrita por Andrés Vázquez de Prada

“El Fundador del Opus Dei.” 
“El Fundador del Opus Dei”, biografía escrita por Andrés Vázquez de Prada

II. Dios y audacia

1. Los frutos del odio
“El Fundador del Opus Dei”, biografía escrita por Andrés Vázquez de Prada
Los factores que rigen la vida española de 1936 a 1939, años de guerra civil, son de carácter tan trágico que, para interpretar debidamente los sucesos de ese periodo, se requiere una mínima y previa comprensión del entramado político en que se desarrollan.

Dentro de ese marco circunstancial resalta, con grandiosidad heroica, y a la vez humilde, la figura del Fundador del Opus Dei. Sin embargo, un enfoque desviado de la realidad histórica haría ininteligible el alcance y razón de su conducta.

Más aún si se tiene en cuenta que un factor clave de la tragedia española fue de índole religiosa. Guerras civiles no han faltado en España, pero un aspecto peculiar de la de 1936 es que se desencadenó en el país una de las persecuciones religiosas más enconadas y sangrientas registradas en veinte siglos de Cristianismo |# 1|.


En el breve espacio de meses corrió la sangre mártir de una docena de Obispos y más de seis millares de sacerdotes y religiosos. Ese simple dato —impresionante, desnudo y objetivo— ilumina tétricamente la escena.


Y es muy improbable que el lector pueda captar con rectitud, y en todo su significado, la conducta del Fundador si prescinde de estos sucesos. Por otra parte, también le resultará un tanto incomprensible el comportamiento del sacerdote si no penetra anticipadamente en la raíz cristiana de las motivaciones que le llevaron a perdonar de todo corazón a los culpables, desagraviar al Señor por los crímenes cometidos y aprender, para el futuro, la lección de la historia.
En julio de 1936 existía por todo el país, sin excepción de campos ni ciudades, una enorme tensión, hecha de reivindicaciones sociales, del quebranto de la economía nacional, del desprestigio de la acción de gobierno y de frustrados sentimientos regionalistas. Todo ello en medio de huelgas continuas, hambre, desórdenes, y agitadores revolucionarios que azuzaban a las masas y favorecían de rechazo las posturas contrarrevolucionarias partidarias de medidas de fuerza. El régimen, al borde del colapso, se tambaleaba al choque de los extremismos, mientras una conjura militar preparaba un golpe de Estado para restablecer los fundamentos de la perdida autoridad de la República. ¿Cómo fue posible llegar a tal extremo? |# 2|
No es preciso remontarse a las centurias pasadas, a las guerras civiles del siglo XIX, al retraso histórico en establecer los principios democráticos en las instituciones políticas |# 3|, o achacar la gravedad del conflicto al carácter belicoso del español. Cuando cayó la Monarquía y se estableció la República en 1931, media España saludó su advenimiento con regocijo y esperanza. Se inauguraba una nueva etapa, que podía haber rectificado errores e implantado un régimen democrático, justo y representativo. Pero, desde que se constituyó un Gobierno provisional hasta que se hubo elaborado la nueva Constitución, los gobernantes y los diputados de las Cortes Constituyentes imprimieron al nuevo régimen un estilo frecuentemente radical, difícilmente aceptable para buena parte de los españoles |# 4|.
La historia de la segunda República española, entre el periodo que va de su instauración en 1931 hasta el comienzo de la guerra civil en 1936, es sumamente agitada. Fácilmente pueden distinguirse varias etapas: un primer periodo constituyente, al que sigue un bienio de reformas radicales en lo referente a la Iglesia, el Ejército, la educación y las cuestiones regional, agraria y laboral |# 5|. El descontento generado por la actuación de los gobiernos cuajó en un minoritario y mal organizado pronunciamiento militar de signo monárquico, que fracasó en Sevilla en el verano de 1932. No fue ni el primero ni el único intento de cambiar el curso de los acontecimientos por la fuerza. La vida política española, teñida ya de radicalismo, se hacía cada vez más violenta. Vienen luego las elecciones generales, en noviembre de 1933, y la Cámara cambia de color político. La anterior mayoría, dominada por socialistas y republicanos de izquierda, es sustituida por otra, formada por la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) y los partidos radical, liberal-demócrata y agrario |# 6|. Los representantes de la CEDA, el partido más numeroso de la nueva mayoría, aceptando el postulado de la indiferencia de la forma de gobierno —Monarquía o República— se proclamaban conservadores y defensores de los ideales católicos. El nuevo bienio —1934-1935— se caracteriza por una política que trata de modificar los extremismos del período precedente. Esta nueva etapa también se pretendió truncar mediante una acción de fuerza, esta vez más intensa, mejor preparada y de mayor alcance que la de 1932: fue el intento revolucionario izquierdista de 1934, que fracasó en Madrid y Cataluña y triunfó en Asturias, donde se vivió una sangrienta revolución |# 7|, que hizo necesario acudir al ejército para dominarla y restaurar el orden constitucional |# 8|.
A partir de la revolución de octubre de 1934, se aceleró el desgarramiento de toda la nación. Sectores de derechas e izquierdas se inclinaron hacia los extremismos políticos, sin posible componenda. De manera que, al faltar el entendimiento entre los moderados de uno y otro bando, no se pudo contener la marcha decidida hacia un enfrentamiento, fuera de los cauces democráticos.
En febrero de 1936, las fuerzas políticas de derechas e izquierdas (estas últimas unidas bajo el programa del Frente Popular) acudieron a las urnas de las elecciones generales, buscando muchos de los integrantes de uno y otro bando, más que el poder democrático, la potencia política para aplastar definitivamente al enemigo. Las fuerzas de izquierda ganaron ajustadamente unas elecciones que por desgracia tampoco sirvieron para pacificar los ánimos. Al contrario, con una izquierda cada vez más dividida, el enconamiento entre los antagonistas políticos continuó su escalada hasta precipitar al país, sin que se encontrara remedio, por la vía del desorden. La convivencia estaba rota |# 9|.
El odio entre los adversarios no era puramente político. Cabe rastrear sus raíces en un tormentoso proceso, que corre a lo largo del siglo XIX y contrapone el tradicionalismo conservador al liberalismo progresista. A ello habría que añadir la resistencia de muchos capitalistas y propietarios a resolver urgentes problemas de justicia laboral, agudizando viejas tensiones sociales, mientras la propaganda demagógica incitaba a la lucha armada del proletariado. El fermento del odio se infiltró en el alma de los ciudadanos, anegándola de rencor y violencia. Otras causas próximas del conflicto fueron los errores cometidos por los gobiernos republicanos. Por ejemplo, las reformas de Azaña, que afectaron principalmente al Ejército y a la Iglesia. El primero de estos estamentos fue humillado innecesariamente, alejando a muchos militares de la causa republicana, poniéndoles ante la tentación conspiratoria y golpista. En cuanto a la Iglesia, las medidas profundamente laicistas respondían a una ideología sectaria, sin tener en cuenta que la mayoría de la población la formaban católicos practicantes |# 10|. Otros errores, como algún caso de soborno y de cohecho entre algunos gobernantes del segundo bienio, miembros del Partido Radical, la falta de sensibilidad social o de sentido de la oportunidad en otros, el radicalismo generalizado en la política europea de esos años y la crisis de las democracias, contribuyeron a desprestigiar todavía más el régimen y a confirmar a los violentos en su recurso a una solución radical y traumática |# 11|.
Finalmente, no faltó el detonador, un grave suceso que precipitó la decisión de algunos que dudaban |# 12|, y el entendimiento entre los Carlistas y el General Mola, Director de la insurrección: el asesinato de José Calvo Sotelo, uno de los líderes monárquicos de la oposición parlamentaria, el 13 de julio de 1936. Lo llevaron a cabo fuerzas de Orden Público, en represalia por el también reciente asesinato del teniente de la Guardia de Asalto José Castillo. A los pocos días se produjo el estallido de las sublevaciones |# 13|.
Las primeras fuerzas que se sublevaron fueron las guarniciones militares de las plazas africanas |# 14|, a última hora del 17 de julio. Al gobierno no le cogió de sorpresa la conjura militar, pero creyó poder dominar la rebelión ya que los puestos clave del Ejército estaban en manos de generales afectos al ejecutivo. A las veinticuatro horas la situación era bastante confusa, pues algunas guarniciones se iban sumando a los rebeldes, mientras los partidos de izquierda y las organizaciones sindicales obreras exigían del gobierno que se armara a las milicias del pueblo |# 15|. En la noche crítica del 18 al 19 de julio el Presidente de la República buscó una solución transitoria a la nueva situación. El gobierno de Casares Quiroga fue sustituido por el de Martínez Barrio, con ministros más moderados, con el fin de atraerse a los generales de esa misma tendencia. Enseguida, ese nuevo gobierno sufrió, lo mismo que el anterior, la presión de los partidos y sindicales obreras para armar a las milicias socialistas y comunistas |# 16|. Las autoridades se resistieron a dar armas a los afiliados a los sindicatos, aunque ya en la madrugada del 19 de julio, miles de obreros circulaban por Madrid armados con los fusiles que les habían entregado horas antes en algunos cuarteles. Pero en el Cuartel de la Montaña, a pesar de las órdenes contradictorias recibidas, se negaron terminantemente a entregar las armas del depósito a las milicias revolucionarias.
* * *

La familia en el magisterio de Benedicto XVI


AUTORES: Augusto Sarmiento Franco y Javier Escrivá Ivars


La familia ocupó un lugar muy importante en el Magisterio de Benedicto XVI. Cientos de veces se dirigió directamente a las familias y a aquellas instituciones, eclesiales y civiles encargadas de protegerlas. Algunas de estas intervenciones, por su relevancia, ocupan un lugar destacado: Encuentros Mundiales con las familias, Asambleas Plenarias del Pontificio Consejo para la Familia; apertura de la Asamblea Eclesial de la Diócesis de Roma; discursos a los presidentes para las Comisiones Episcopales para la Familia y la Vida, encuentros pastorales con las familias y con los novios, etc.
Javier Escrivá Ivars es catedrático de Derech (...)

viernes, 11 de septiembre de 2015

Cincuenta maneras de mejorar a tu familia


AUTOR: José Javier Ávila


Lo que no se usa, se estropea. Sin mantenimiento, surgen las averías. Con empeño, generosidad e iniciativa, las cosas, las relaciones y las personas que más amamos no solo se conservan, sino que se hacen más valiosas, crecen y se embellecen.
El autor ofrece sugerentes modos de mejorar el propio hogar: dar las gracias, pedir perdón, tener iniciativa, hacer favores, escuchar con atención, transmitir calma, cultivar el equilibrio personal y la fuerza de voluntad, etc., todos ellos encaminados a hacer de la propia familia el mejor lugar donde vivir.
José Javier Ávila Martínez (Madrid, 1960) desempeña tareas directivas y docentes en el ámbito educativo e imparte numerosos programas de formación. Experto en Educación en virtudes a través del Cine y en Orientación Familiar, colabora habitualmente en publicaciones digitales, revistas y emisoras de radio. En Rialp ha publicado 100 maneras de poner a las pilas a tu familia.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Fundamentos antropológicos de la dirección de empresas

Autor: Domenèc Melé y César González Cantón 

9788431330750 
Colección: Astrolabio Empresa 
Año: 2015 
Páginas: 416 


La dirección o gerencia de empresas implica cierta visión del ser humano y de su lugar en de la sociedad y en el mundo. Esta visión, estrechamente relacionada con la concepción de la empresa y su finalidad, está presente, al menos de modo implícito, en todos los estudios y propuestas de dirección de empresas desde sus inicios. Sin embargo, muchos estudiosos de este tema se han centrado más en aspectos empíricos del comportamiento personal o colectivo en las organizaciones empresariales que en el conocimiento filosófico del ser humano.  De este modo, se han asumido acríticamente ciertos presupuestos sobre la persona humana.

Este libro sale al paso del este problema explorado el concepto de persona y sus características fundamentales de una manera accesible a lectores interesados en dirección de empresas sin conocimientos filosóficos previos.  Está estructurado en dos partes. En la primera se revisa la idea de hombre subyacente en las teorías económicas y, sobre todo, en dirección de empresas y en la teoría de las organizaciones. Se analiza también qué aportan al conocimiento del ser humano las ciencias y qué visión del hombre proporcionan las principales religiones y teorías filosóficas. La segunda parte comienza con una visión general de la naturaleza humana y la singularidad de cada persona, y continúa analizando un conjunto de rasgos propios de la persona humana. Entre ellos, racionalidad, emociones humanas, libertad, experiencia estética, sociabilidad, relaciones con el entorno.

martes, 8 de septiembre de 2015

El matrimonio, vocación cristiana



Con motivo del Sínodo de la Familia que tendrá lugar en octubre de 2015, Rialp ha editado este pequeño volumen de textos de san Josemaría, que recoge una homilía ya publicada en “Es Cristo que pasa”, y una selección de preguntas y respuestas procedentes de “Conversaciones con monseñor Escrivá de Balaguer”. La vocación al matrimonio, la familia, los hijos, el papel de la mujer en la sociedad, la conciliación, el noviazgo, la fidelidad y la castidad, el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazareth y la importancia de rezar en familia son varios de los temas que se abordan en estas breves páginas.

http://www.opusdei.es/es-es/section/cuestiones-historicas/


lunes, 7 de septiembre de 2015

“Bernardette no nos engañó. Una investigación histórica sobre la verdad de Lourdes

Vittorio Messori presenta libro “histórico” sobre apariciones de Lourdes



MADRID, 19 Nov. 13 / 04:09 pm (ACI/EWTN Noticias).- “Bernardette no nos engañó. Una investigación histórica sobre la verdad de Lourdes”, es el título del libro escrito por el vaticanista del 'Corriere della Sera', Vittorio Messori, y presentado en Madrid (España), donde el autor brinda respuestas profundas a las posibles objeciones de estas apariciones.

"He intentado recoger en una especie de manual, todas las objeciones y todos las dudas que pueden existir sobre la veracidad de Lourdes y ver si había respuesta. Pero respuestas honestas, seguras, razonables. No respuestas indignadas o enfadadas", declaró a ACI Prensa sobre el libro publicado en España por la editorial Libros Libres, y que fue presentado hace unos meses en Italia.

"No es de espiritualidad, sino de historia. Aunque cuando voy a Lourdes también estoy como peregrino, al escribir este libro he dejado de lado mi devoción para hacer un trabajo histórico y demostrar que no hace falta la fe para llegar a demostrar la verdad de las apariciones de Lourdes", expresó.

Vittorio Messori explicó que las apariciones de Lourdes son unas de las pocas oficialmente reconocidas por el Vaticano y que a diferencia de otras apariciones "las que tuvieron lugar en Lourdes nunca fueron replicadas por nadie, fueron aprobadas por el Obispo del lugar. Mientras que por ejemplo las de Fátima sí que fueron más complicadas, especialmente en lo relacionado con los videntes".

Para la elaboración del libro, Messori explicó a ACI Prensa que se desplazó hasta el santuario durante varias semanas para poder estudiar los muchos documentos que se conservan. "Estudiar estas apariciones es como una 'fiesta' para el histórico, porque se conservan todos los dossiers, la documentación del Obispo durante los interrogatorios a Bernardette, también están los informes de la policía, de la gendarmería y del juez", afirmó.

El autor recordó que las apariciones de Lourdes tuvieron lugar en el contexto histórico del nacimiento de movimientos e ideologías cuyas consecuencias duran hasta hoy. "En esos años Darwin publicaba su libro 'El origen de las especies' sobre la evolución, en el que se niega la creación. El gran escritor francés, Ernest Renan, publicaba libro que fue un gran best seller en el que intentaba demostrar que Jesús había sido un gran profeta, un gran predicador, pero no el hijo de Dios. También en esos años Marx publicaba su manifiesto comunista en el que declaraba que quería destruir la fe y también la Iglesia", señaló.

Precisó que "la fe está compuesta por tres círculos. El primero y más grande es Dios, el segundo es Jesucristo y el tercero más pequeño es la Iglesia. En ese periodo se comienza a intentar destruir esos tres círculos y se pone en duda la de. Por eso la actualidad de Lourdes nace precisamente a raíz de esto, como una respuesta del cielo ante los peligros que comienzan en esa época. También todavía hoy, e incluso más que nunca la fe está en peligro. De ahí que Lourdes siga siendo así de actual".

"Lourdes es algo a lo que siempre puedes agarrarte cuando te asaltan las dudas sobre la fe", porque al comprobar que la aparición es verdadera, “todo lo demás relativo a la fe también es verdadero. De ahí que estudie en mi libro si Bernardette nos engañó, porque si no lo hizo y ella dijo la verdad entonces existe verdaderamente una Reina del Cielo, que se aparecía en esa gruta. Y existe, entonces, un más allá, Dios existe y se ha encarnado en Jesucristo y por eso la Madre de Dios se aparece, para darnos a conocer todas estas cosas".

Sin embargo, Vittorio Messori advirtió que uno de los principales problemas es que hoy muchos creyentes no tienen confianza en la Iglesia, "por eso las apariciones que tuvo Bernardette son tan importantes, porque es la misma Virgen la que le pide a ella que le comunique a los sacerdotes, a la Iglesia que construyan allí una capilla" y por eso "Lourdes al ser una aparición verdadera legítima con su mensaje a la Iglesia Católica porque en ella está el mensaje de Jesús" y se ve la importancia de la colaboración de los hombres en el plan de salvación de Dios.

Estas apariciones de la Virgen tuvieron lugar hace 150 años, desde entonces más de 600 millones de personas han pasado por este santuario francés, la gran mayoría de estos peregrinos pedían curaciones físicas pero, según afirmó Vittorio Messori, "los verdaderos milagros que allí se dan no son las curaciones del cuerpo sino del alma, del espíritu. Desde que comenzaron las apariciones hasta ahora la Iglesia tan sólo ha declarado como inexplicables 69 de ellas, un porcentaje muy muy bajo, pero es que Lourdes es un hospital para el alma, de allí todo el que lo desea vuelve curado".

viernes, 4 de septiembre de 2015

Las Siete Muertes

Las Siete Muertes (Carlos Vila Sexto)

AgeBooks 1ª ed. diciembre de 2014. De trece años en adelante.



Escrita originariamente en gallego bajo el título de "As sete Mortes" y traducida posteriormente al catalán y al castellano. Se puede adquirir a través de Amazon en formato Kindle o en papel.
Jacobo recibe la inesperada visita de un hombre malherido que le hace entrega de un pergamino y añade unas pocas palabras que le inquietan tremendamente removiendo el deseo de conocer el inexplicable secreto que ha marcado su vida.
Con la muerte de Mateo, que así se llamaba su visitante, comienzan todas las complicaciones. En un instante su piso, tranquilo hasta ese momento, entra en un frenético caos: cristales rotos, un extravagante asesino que quiere acabar con su vida y la presencia de una patrulla de la policía a la que solo puede evitar mediante un salto suicida desde el balcón de su casa.
A partir de ese momento Jacobo no conocerá el descanso. Se cruzan en su vida personas como Natalia o Ricardo que intentarán ayudarle e implacables perseguidores como el inspector Varona y un extraño ser que llamaremos El Cazador.
Una búsqueda frenética llena de acción que tendrá conexiones más allá del mundo que conocemos pero que no nos separará en ningún momento de las tierras gallegas. El tiempo se acaba y hay que dar con la solución o la muerte no sólo afectará a Jacobo sino a la propia existencia de la humanidad.
Soy consciente de que este resumen puede dejar a más de uno perplejo y sin saber por dónde van los tiros. ¿Es un thriller? ¿Una novela policíaca? ¿Es ciencia ficción o fantasía? Es que Carlos Vila consigue en su narración aunar todos esos aspectos del género. No en vano su trabajo profesional gira fundamentalmente como guionista cinematográfico.

clásicos universales

Los grandes títulos de la literatura universal tienen un lugar de honor en esta colección que, a través de cuidadosas versiones a cargo de los mejores traductores, acerca a lectores de 12 años en adelante a joyas literarias que han fascinado a lectores de todo el mundo y todas las épocas. Cada título, editado en tapa dura, incluye elegantes ilustraciones a color y un cuaderno documental con información completa sobre el autor y la obra.





Amor a la vida y otros relatos

Autor:  Jack London
Ilustrador:  Enrique Breccia
Traductor:  Carmen Francí
Dos hombres avanzan rodeados de un paisaje majestuoso, abatidos y encorvados bajo el peso de sus fardos. Al cruzar un río lleno de rocas, uno de ellos tropieza y se lastima. Su compañero no se detiene y lo abandona... Los ocho relatos de este volumen nos hablan de voluntad, fuerza vital e instinto de supervivencia.






El magnetizador


Autor:  E.T.A. Hoffmann
Ilustrador:  Miguel Navia
Traductor:  Joan Fontcuberta
Magnetismo animal: acción que una persona ejerce sobre otra y que produce efectos de sugestión e hipnotismo encaminados a dominar su voluntad. También denominado mesmerismo.
¿Puede controlarse la vida y la muerte por medio de la hipnosis? El maléfico magnetizador de este inquietante relato de Hoffmann parece dispuesto a demostrarnos que es posible.


lunes, 31 de agosto de 2015

Rebelión en Verne

Colección
Grandes Lectores



Jules Verne está desanimado y acaba de abandonar su novela Dos años de vacaciones. Los protagonistas de la historia se hallan atrapados en una isla del Pacífico, donde el tiempo se ha detenido y el invierno se eterniza. Cansados y desesperados porque la historia no avanza, Briant y Doniphan deciden explorar qué hay más allá del abismo oscuro que interrumpe su aventura y aterrizan en el gabinete de trabajo del escritor. ¿Quién dice que el destino está escrito?

viernes, 28 de agosto de 2015

¡Divinas! Modelos, poder y mentiras

 AUTORA: La barcelonesa Patrícia Soley-Beltrán fue modelo durante años y colaboró con importantes marcas, lo que le permite hablar con conocimiento de causa de cómo funciona el mundo de la moda.

En la sólida y aguda narración que Soley-Beltran hace para desentrañar las incógnitas de su vacía experiencia como modelo, resuenan tres estrategias del mundo de la moda y del lujo. Darlas a conocer forma parte de la “alfabetización visual” que la autora realiza al ayudarnos a comprender el espectáculo basado en la cultura del cuerpo que proponen estas industrias.
Una primera clave del libro –premio Anagrama de ensayo– es la vinculación de la moda a una iconografía religiosa, con la que la seducción a través del cuerpo aspira inútilmente a alcanzar la plenitud de todos los deseos del ser humano. Es muy interesante cómo Soley-Beltran encuentra las causas por las que se ha pasado de un sano e integrado cultivo del cuerpo a la satisfacción narcisista, no impuesta, sino consentida y asimilada. En el recorrido que realiza, comparte su descubrimiento del doble sentido de la apariencia física. El cuerpo como “medio de comunicación principal en una cultura visual que privilegia la mirada, campo de batalla visual y política”. Y el cuerpo como nuevo símbolo natural de construcción de la identidad personal y espacio crucial para la interacción social (una vez relegada la identidad otorgada a través de la estructura social).
Como consecuencia de este nuevo valor de la corporeidad, se podrían entender importantes fenómenos. Por ejemplo, que las jóvenes saquen provecho de su imagen, base del valor social. O que se haya insistido en que la identidad de género ya no depende tanto de la biología como de la construcción cultural y la adhesión personal. Es el caso de la androginia extendida en campañas publicitarias.
La segunda línea que identifica la autora en estas industrias es la confusión entre la persona que hay detrás de la modelo y la imagen de la modelo. La representación ideal de belleza es fruto de todo un equipo que refuerza la fantasía en torno a su papel de divina, deseable y especial. Y que oculta todo un entramado de ideologías: desde “la violencia simbólica” centrada en vincular a la feminidad con “la deshonestidad, la falta de inteligencia y la alienación”, hasta el interés comercial por extender a los hombres la belleza como mecanismo de valorización de la persona: producción, posesividad y poder.
La autora denomina “identidad de diseño” a la fabricada en el auténtico backstage, que trasciende a la modelo y la eleva al nivel de mercancía, creando personajes ideales que prometen bienestar. Como al que aspiraba Patrícia antes de comprender que imitar el idioma de las modelos –“hablar cuerpo”– no le dejaba desplegar su complejidad y diversidad personal.
Por último, este libro, que no pretende ser “condenatorio”, sí pone sobre la mesa una tercera tendencia necesitada de urgente solución: la falta de regulación de la profesión de modelo. Sus efectos son especialmente sangrantes cuando se trata de menores de edad. Entre las consecuencias de vivir para “maximizar el rendimiento del capital corporal y obtener el máximo beneficio del trabajo corporal propio” se encuentran la dañina competitividad entre las modelos y la primacía de la ropa frente a la persona.
Es de agradecer el paso al frente de este estudio fundamental sobre el fenómeno cultural de la moda, así como el estilo de amena crónica que se ha escogido para abordarlo. En ese camino ya encontramos algunos precedentes, como el relato íntimo e incisivo que la periodista de la revista Elle Marie-Pierre Lannelonge realizó en Los secretos de la moda al descubierto (Gustavo Gili, 2008). La trayectoria que tomó Patrícia Soley-Beltran al dedicarse a la moda a través de la investigación, ha logrado impactar mucho más que la portada de la revista o el desfile multimillonario con que ella soñaba a sus veinte años. En la era de la cosificación de la persona, a través de la revisión de numerosas teorías, ejemplos, y sobre todo experiencias, se atreve a no conformarse con el tratamiento de un cuerpo de una forma distinta a su rol como fuente de dignidad personal. Como reza su epílogo, “tenía el cuerpo y la palabra (…) y solo contándola podemos empezar a inventar otra mejor”.

jueves, 27 de agosto de 2015

El dinamismo de la información en la naturaleza. De las partículas subatómicas al ADN y los ecosistemas

AUTOR: Angel Guerra Sierra



Colección: ENSAYO
Materia: CIENCIA
272 páginas

Hasta no hace mucho se pensaba en la materia como un sujeto pasivo e inerte de las transformaciones que suceden a todos los niveles en la naturaleza, desde el fisicoquímico al biológico, pasando por el astrofísico y geológico. Sin embargo, los últimos descubrimientos científicos han abierto la puerta a una nueva cosmovisión de la realidad material, en la cual la información se encuentra presente y desempeña un papel protagonista a todos los niveles, desde las partículas subatómicas a los sistemas ecológicos.
El presente libro trata de profundizar en el papel, las características y la acción de la información natural en diferentes niveles de organización, poniendo de manifiesto que dicha información determina tanto el estado actual de un sistema como su dinamismo, y, por tanto, también los estadios futuros que pueda alcanzar.
Se pretende así dar un paso adelante en la consideración de la información natural como factor explicativo básico de la naturaleza, para fijar los cimientos de una cosmovisión científica no reduccionista que abriría nuevas vías de diálogo entre la ciencia, la filosofía y la teología.